Su rendimiento mejora cuando la tarea merece ser comprendida y existe un plazo o una persona externa que los ayude a empezar. Con ambas condiciones, pueden producir un trabajo excelente. Si solo tienen una tarea interesante, quizá pase mucho tiempo antes de que la comiencen.
Les favorece más una familia de tareas que un cargo específico: análisis y previsión, comprobación de supuestos, detección de errores en datos, investigación especializada, evaluación de riesgos antes de una decisión importante y explicación de qué podría fallar y por qué. Todo equipo necesita ese trabajo, aunque a pocas personas les guste escucharlo.
Necesitan un ritmo tranquilo y tiempo sin interrupciones. Las reuniones seguidas y las revisiones diarias fragmentan el pensamiento sostenido que requiere su trabajo. Medirlos por la actividad visible puede dar una impresión equivocada; es más justo valorar el resultado final.
Los puede desgastar un trabajo que dependa de comunicarse constantemente, relacionarse con mucha gente y mostrar entusiasmo. La dificultad no tiene por qué estar en las tareas: gastan energía en un ámbito donde tienen poca reserva y pueden terminar el día sin avances que consideren importantes.
Decir lo que nadie quiere oír
Su aporte más visible suele ser evitar un error grave. Mientras todos avanzan hacia una decisión, preguntan qué suposición todavía no se ha comprobado. Escucharlos puede ahorrar mucho; ignorarlos puede hacer que su advertencia se recuerde con amargura más adelante.
Pueden desarrollar conocimientos detallados difíciles de igualar. Asimilan la información poco a poco, la conectan y forman una imagen coherente que quizá no consigan quienes reúnen datos con mayor rapidez.
Aun así, puede hacer falta alguien que presente su trabajo ante los demás. Un análisis excelente, expuesto con tono neutro y sin insistencia, puede pasar inadvertido incluso cuando es correcto.
Cuando el trabajo se mide por la presencia
Una de las presiones laborales más difíciles para ellos es que se los evalúe por su visibilidad, participación y entusiasmo. Según esos criterios pueden parecer menos capaces de lo que son y perder oportunidades frente a quienes saben presentarse mejor. Con el tiempo, esto puede hacer que se retraigan todavía más en vez de intentar mostrarse con mayor energía.
Rinden mejor donde cuentan los resultados escritos y se permite trabajar a su propio ritmo. Les cuesta más desenvolverse donde todo depende de reuniones e impresiones. Esos entornos no tienen por qué ser injustos a propósito, pero miden el trabajo de formas que no reflejan la aportación de los ILI.


