Su rendimiento laboral depende de una pregunta: ¿el trabajo significa algo más que su resultado inmediato? Si sienten que sirven a algo valioso, trabajan con una energía difícil de igualar. Su rendimiento cae al mínimo cuando la tarea es perfectamente razonable pero no le ven un propósito.
Les favorece más una familia de tareas que un cargo concreto: hablar en público y hacer presentaciones, enseñar de manera que cambie la perspectiva del alumno y no solo lo que sabe, el trabajo artístico y literario, dirigir una campaña o iniciativa, negociar leyendo a la otra persona y cualquier función que exija convencer cuando los números no bastan.
Necesitan una audiencia de algún tipo: una persona o un grupo que perciba el efecto de lo que hacen. El trabajo individual cuyo resultado nadie ve puede agotarlos deprisa, por importante que sea en sí mismo. No es simplemente buscar aplausos; miden el trabajo por su efecto en las personas.
Lo que realmente los desgasta son las tareas administrativas, la documentación y el seguimiento minucioso de procedimientos. No necesariamente les resultan difíciles; su atención apenas las registra. Las posponen hasta que se acumulan y se convierten en una crisis, un ciclo que se repite si nadie más se ocupa de ellas.
Palabras que logran lo que los números no pueden
Tienen una capacidad poco común para explicar una idea de modo que quien escucha la sienta antes de comprenderla. Empiezan por una imagen, no por los datos, y así llegan a personas a las que ninguna presentación había llegado. Es una habilidad difícil de enseñar y fácil de infravalorar al evaluar la competencia.
Mientras hablan, leen al público: notan cuándo pierde el interés y cambian de rumbo en el momento. Esa lectura inmediata puede hacerlos mucho más eficaces en persona que por escrito y llevar a que se los valore menos en lugares que solo evalúan documentos.
Su entusiasmo puede adelantarse a la comprobación. Pueden comprometerse por completo con una causa o proyecto y descubrir después que sus fundamentos eran más débiles de lo que creían. Retirarse puede salirles caro a ellos y a quienes los siguieron. Ayuda tener al lado a alguien que revise las bases antes de iniciar la campaña, no pedirles que se entusiasmen menos.
También necesitan que alguien traduzca su visión en pasos y calendarios. Con esa colaboración, lo que parecía una idea grandiosa se convierte en un resultado real. Sin ella, la visión se queda en palabras y pueden ser tachados de hablar mucho y hacer poco: a menudo es injusto, aunque se entiende de dónde viene.
Cuando se exige neutralidad
Una de las exigencias laborales más difíciles para ellos es actuar con neutralidad, sin mostrar su postura ni su emoción. La petición es razonable en sí misma, pero desactiva la herramienta con la que trabajan y los hace parecer apagados en un entorno donde podrían destacar con otras condiciones.
Prosperan donde influir en las personas se reconoce como parte del trabajo y se apagan donde se considera poco profesional. Ambas cosas pueden ser ciertas: esos entornos no tienen por qué ser malos, pero no son para los EIE. Permanecer demasiado tiempo en un lugar equivocado puede costarles más que a otras personas.


