Para los LIE, el hogar puede parecer un proyecto a largo plazo construido para el futuro de los hijos. Les procuran educación, abren puertas y confían en ellos antes de que ellos confíen en sí mismos. Lo difícil es atender el presente: estar en la habitación sin un objetivo, jugar sin enseñar nada y mostrar cariño sin medir resultados. Sin embargo, los niños viven en ese presente.
Un padre que asegura el futuro y se pierde el día de hoy
Pueden trabajar por sus hijos y estar ausentes en la misma medida. Las horas que dedican a asegurar lo que necesitarán dentro de unos años salen de las horas en que los necesitan ahora. Muchos hijos adultos pueden decir que llegaron lejos gracias a su padre y, a la vez, que apenas recuerdan haber pasado tiempo con él. Son dos caras de la misma forma de medir el valor.
Los elogios también pueden llegar con los logros y el silencio con la falta de resultados. El niño puede concluir que el cariño depende de su rendimiento. Decirle una vez, con claridad, «te quiero por quien eres» puede corregir esa impresión.
Fortalezas
- Preparan el futuro antes de que se lo pidanPlanifican pronto la educación y las oportunidades. Pero el camino puede quedar tan trazado que al hijo le cueste elegir otro.
- Confían en el hijo antes de que él confíe en sí mismoLe encargan más y esperan que esté a la altura. Pero unas expectativas que superan su edad también pueden convertirse en una carga.
- Enseñan a pensar en las consecuenciasLos hijos aprenden a mirar más allá de la decisión inmediata. Pero quizá no aprendan a valorar un momento sin recompensa futura.
- No maquillan el caminoPreparan a sus hijos para las dificultades reales. Pero pueden cargarles preocupaciones antes de tiempo.
- Tratan los errores como algo que corregir, no como una condenaAnalizan qué salió mal y cómo ajustar el rumbo. Pero el análisis puede dejar sin atender lo que sintió el niño.
- Cambian un plan que no funcionaRevisan el camino sin aferrarse a lo ya invertido. Pero el cambio puede quitarle al hijo una estabilidad que aún necesitaba.
Debilidades
- El tiempo de hoy se gasta en el mañanaPreparar el futuro ocupa las horas que el hijo necesita ahora. Reservar tiempo en la agenda es más fiable que dejarlo para cuando sobre.
- El reconocimiento sigue al logro, no al hijoEl silencio ante un tropiezo puede hacer que el cariño parezca condicionado. Expresar afecto sin motivo ayuda a equilibrarlo.
- Cuesta encontrar tiempo para jugar sin una metaPueden perderse los momentos corrientes que más se recuerdan de la infancia. Un juego con reglas o una actividad manual les da una forma natural de participar.
- Apresuran al hijo hacia la etapa siguienteEl niño puede avanzar sin haberse asentado. Explicar cómo la seguridad de esta etapa ayuda a la siguiente puede hacer que esperen.
- No perciben el clima emocional de casaQuizá no vean crecer la tensión hasta que el hijo se retire. Una señal a tiempo les ayuda a parar y recomenzar.
- Comparan al hijo con lo que podría haber logradoIncluso el éxito puede parecer insuficiente frente al potencial imaginado. Comparar su progreso con su propio punto de partida es más justo.


